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¿Cristiana o Psicóloga?

Un Testimonio de Estudiante

Esly Regina Carvalho

Recuérdome de la inmensa dificultad que enfrenté en la época en que terminé la secundaria: al ingresar en un Instituto Bíblico, decidí también hacer los exámenes para ingresar en la carrera de Psicología. Cuando lo supieron, mis amigos, mis colegas, mi iglesia se espantó. "Jesús es el Gran Psicólogo. El es suficiente para resolver todos nuestros problemas. ¿Para que apelar a algo tan herético como un psicólogo para ayudarnos en nuestras dificultades?" Y así fueron las conversas...


Pasé en los exámenes y comenzaron las clases. Yo, muy incierta, inicié mi curso, pero estaba muy claro que mis colegas en la universidad no incluían a Dios en sus filosofías de vida. En la medida que sentía la necesidad de confrontar premisas ateístas en las ideas presentadas por los profesores (vestidas y defendidas por mis colegas), empezó la burla: "Universitaria en el siglo XX, creyendo en esas cosas de Dios! ¡Es loca!"

Empecé a sentirme como el relleno entre dos pedazos de pan de sándwich, y que el Algo Muy Grande me fuese a aplastar. Me confundí y me asusté: tenía recelo de perder la fe tan importante para mí, y, a la vez, miedo de vender la inteligencia que Dios me dio.

Pasé a orar y a pedir al Señor sabiduría. Delante de tantas teorías conflictuantes, ¿donde estaba la verdad? Pensé que si la verdad de Cristo fuese la misma Verdad, tendría que aguantar las roces de mi cuestionamiento.

Aguantó. Hoy, mirando para atrás, veo algunas cosas que me gustaría compartir con otras personas, algunas de las cuales posiblemente pasan por esta fase de dudas y enfrentan la desesperación de saberse apretadas por todos los lados.

Creo firmemente que un cristiano puede ser psicólogo/a, y que hay una razón específica y especial que somos llamados por Dios para llenar. Así como consideramos a Dios el Gran Médico, debemos considerarlo el Gran Psicólogo. No tenemos recelo de llevar a nuestro/a hijo/a a un médico capaz si sospechamos que él tiene algún problema físico, pues creemos que Dios usará también el conocimiento médico para efectuar la cura. Debemos tener esta opinión con los psicólogos, especialmente en la medida que los cristianos ingresan a esta profesión.

Dios, como nuestro Creador, es el Autor primero de nuestras personalidades. Como Revelador de la Verdad, sólo El puede revelarnos a nosotros mismos. No obstante, las formas que El utiliza para hacer esto son muchas y de las más variadas - entre ellas, El puede hacer uso de la psicología/psiquiatría para este fin.

¿Como conocemos poco al respecto de nosotros mismos! Somos como un "iceberg" en que somos conscientes de la parte menor de nuestra personalidad. Hay todo un inconsciente, muchas veces hirviente y no convertido (muchos menos sumiso), que puede hasta desconocer el hecho de que nuestro consciente está entregado a Cristo hace mucho tiempo.

¿Como hacer para traspasar este abismo? Creo que Cristo es el punto de integración de nuestras personalidades. En la medida en que nos sometemos a Su Amor Libertador, El comienza un trabajo de organización interna, de armonización de varios aspectos de nuestra personalidad, cuando tomamos conciencia de ellos y los entregamos. ¿Pero como entregar a Cristo aquello que desconocemos?

Es una de las funciones del psicólogo clínico hacer justamente eso, por un proceso llamado psicoterapia: volver claro para nosotros mismos aquellas cosas que nos "amarran o atan" emocionalmente, cosas que inclusive impiden nuestro crecimiento espiritual.

Creo que el texto de Lucas, donde Jesús cita Isaías en la Sinagoga, en Nazaret, da algunas ideas para podernos a pensar juntos: " El Espíritu del Señor está sobre mi, por lo que me ungió para evangelizar a los pobres; me envío para proclamar libertad a los cautivos y restauración de la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos". Creo que es la función del psicólogo hacer parte de ese proceso de "proclamar libertad a los cautivos... y poner en libertad a los oprimidos". Somos oprimidos por la falta de conocimiento de nosotros mismos, de como nos relacionamos uno con el otro, cautivos a modos de vida que nos parecen intocables e inmutables. Precisamos tomar posesión de la promesa de Cristo: que si conocemos la promesa de Cristo, que si conocemos la verdad, ella nos liberará, inclusive y especialmente la verdad al respecto de nosotros mismos, que muchas veces, se esconde y nos tortura en las partes inconscientes de nuestro ser. Necesitamos del perdón de los pecados escondidos, esclarecimiento para la culpa falsa, conocimiento para no tropezar, sabiduría para proceder.

Como psicólogos y cristianos, necesitamos reconocer, por una lado, que la psicología secular es eficaz; hay mucho que podemos aprender y aprovechar del conocimiento científico al respecto del ser humano, técnicas e intervención terapéutica, etc. Sabemos, no obstante, que es paliativo por sí solo, por no tener su punto de referencia vital firmado en la verdad de la redención del hombre por Cristo. Por otro lado, vemos la necesidad de concientizar a nuestras iglesias del gran trabajo y ayuda disponible en la persona del psicólogo cristiano, en un mundo tan quebrado y amedrentado, falto de verdad y resistente en conocerla. Necesitamos reconocer que, como cristianos, no estamos "listos": tenemos que caminar todos los días en dirección a conformarnos a la imagen de Cristo. En esto la psicología tiene algo para contribuir.



(Extraído de "Textos", del Cuerpo de Psicólogos e Psiquiatras Cristianos de Brasil. Traducido del portugués por Virginia Dzuik y Esly Regina Carvalho.)

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